sábado, 13 de octubre de 2018

Guatemala: Mafias, hipocresía y palo

El Estado contrainsurgente surgido durante la guerra interna en Guatemala no desapareció una vez firmada la paz el 29 de diciembre de 1996.


Las estructuras creadas en el transcurso del conflicto se mantuvieron intactas. A la sombra de ese Estado, nacieron y crecieron estructuras paramilitares encargadas de la feroz represión que, en el marco de la Guerra Fría y la Doctrina de Seguridad Nacional, sirvieron para detener el avance del “comunismo internacional”, representado por los movimientos revolucionarios alzados en armas. Esas estructuras, además de su trabajo policíaco-militar de represión interna, fueron cobrando relativa autonomía, convirtiéndose con el tiempo en un poder económico, y por tanto político. Ligadas a negocios “dudosos” (narcoactividad, contrabando, tráfico de personas, de armas, lavado de activos, tala ilegal de maderas finas en la selva petenera, agencias de seguridad), moviéndose con criterios mafiosos,ganaron cada vez más espacio en la dinámica nacional. Formada originalmente por cuadros castrenses, fueron encontrando diversos aliados en su accionar: empresariado nacional, políticos que le hacían los “favores”, alcaldes ávidos de ascenso social.
Como poder económico en sí mismo (“nuevos ricos” con aspiraciones aristocráticas), esos sectores desarrollaron un poder político significativo. Con el retorno a la democracia en 1986, estos últimos años formaron varios partidos políticos: el Frente Republicano Guatemalteco -FRG- (en el poder con Alfonso Portillo de presidente y Efraín Ríos Montt como presidente del Congreso), el Partido Patriota (en el poder con Otto Pérez Molina en la presidencia), el actual Frente de Convergencia Nacional (FCN-Nación), con Jimmy Morales en la casa de gobierno. Sin dudas, esos sectores ascendentes representan un poder en la dinámica nacional, llegando a mover no menos de un 10% del PBI a través de todas sus ramificaciones comerciales.
No constituyen abiertamente una afrenta a los grupos oligárquicos tradicionales (terratenientes de viejo cuño, sectores industriales y de servicios modernizantes), sino que mantienen una relación de paralelismo con ese poder económico representado en el Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras -CACIF-. Hoy día, dado aquello de “money is money” (dinero es dinero), hay un pacto donde confluyen sectores tradicionales de alcurnia con “nuevos ricos” advenedizos, pues empresarios, militares y políticos en definitiva defienden todos por igual el sistema de vida “occidental y cristiano” (léase: capitalismo).
Pero no deja de haber luchas intracapitales, interoligárquicas. ¿Quién dijo que en la derecha no hay problemas internos, peleas a muerte, contradicciones? Eso no es patrimonio de la izquierda, ¡en absoluto! Esos enfrentamientos se ven hoy en la división establecida en torno a si acompañar la agenda de Estados Unidos (agenda interesada, obviamente) de apoyar, o no, la lucha contra la corrupción.
Corrupción e impunidad son constantes en la historia nacional. No nacieron con los gobiernos militares; se remontan a una larga historia que viene de la colonia y de un parasitario y burocrático sistema colonial instaurado siglos atrás por España. Esos vicios se perpetuaron en el tiempo, y hoy están presentes en la dinámica cotidiana. Ellos son los que posibilitaron una guerra interna tan cruenta sin posteriores responsables (impunidad) y estructuras mafiosas que crecieron exponencialmente (corrupción). De hecho, el Estado está hoy virtualmente secuestrado por esas mafias. La persecución establecida por la CICIG y el Ministerio Público solo removió una primera capa superficial; la enfermedad es profunda.
Hoy asistimos a un Pacto de Corruptos donde grupos empresariales, militares y políticos se cuidan mutuamente, siempre como mafias. Las últimas medidas del gobierno evidencian la desesperación por la eventual continuidad de las investigaciones en torno a las prácticas corruptas. De ahí todas las medidas que se han visto estos días, terminando con las acusaciones del presidente Jimmy Morales en el seno mismo de Naciones Unidas contra la CICIG como presunto causante de la inestabilidad política que se vive.
La hipocresía no tiene límites. Como elementos distractores, estos días aparecieron nuevas “controversias”: la lucha contra el aborto, por ejemplo. O el no ingreso de la banda Marduk, por supuesta “influencia satánica”. “Nuestra ignorancia está planificada por una gran sabiduría”, dijo Scalabrini Ortiz. Los distractores (¿“espejitos de colores”?) siguen a la luz del día. Y si no alcanzan, vienen los palazos (20 dirigentes campesinos asesinados estos meses).
AUTORMarcelo Colussi 
Marcelo Colussi
Nacido en Argentina. Estudió piscología y filosofía. Vivió en varios países latinoamericanos. También es investigador social y escritor. Desde hace varios años radica en Guatemala.

EEUU envió 500 camiones con armas a milicias kurdas en Siria

Estados Unidos ha vuelto a enviar gran cantidad de equipamientos militares y armas a las milicias kurdas en Siria, según han informado medios turcos.

Camiones y vehículos del Ejército de EE.UU. en la ciudad siria de Manbiy.


“Solo durante la semana pasada, la Administración estadounidense ha enviado unos 500 camiones con armas a las milicias kurdas de las Unidades de Protección Popular (YPG, por sus siglas en kurdo), afiliadas sirias del Partido de Trabajadores de Kurdistán (PKK, por sus siglas en kurdo) en la ciudad de Manbiy”, ha reportado este sábado el periódico turco Yeni Safak.
El jueves, la supuesta alianza occidental contra la banda terrorista EIIL (Daesh, en árabe), liderada por Estados Unidos anunció, a su vez, la entrega de más de 300 camiones con armas y municiones a las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) — de las que las YPG forman parte— en la ciudad de Al-Qamishli (noreste).
Washington ha entregado, asimismo, cuatro vehículos de construcción y varios camiones de recuperación (grúa), modelo M984A4, a las YPG, precisa el reporte.
Estas medidas violan un acuerdo alcanzado en junio pasado entre Ankara y Washington sobre la retirada de esta banda “terrorista” de la ciudad siria de Manbiy (norte), agrega Yeni Safak, en alusión a las milicias kurdas, tachadas de “extremistas” por Ankara.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, volvió a criticar el viernes a Estados Unidos por dar apoyo armamentístico a los kurdos y no cumplir lo prometido en el citado pacto con Ankara sobre Manbiy.
Las autoridades turcas temen que el fortalecimiento de los kurdos en el norte de Siria dé alas a su propia insurgencia, pero Washington sigue considerando a los kurdos un aliado indispensable para llevar adelante sus intereses en Siria y por ello los respalda.
El Gobierno de Damasco condena y tacha de “ilegal” la presencia militar de EE.UU. y Turquía en Siria, y ha pedido en reiteradas ocasiones la retirada de las fuerzas turcas y estadounidenses de su territorio.