lunes, 25 de junio de 2018

Sabrine, madre de la paramédica de Gaza muerta por el fuego israelí: "Mi hija pensó que la bata blanca la protegería"

Los médicos voluntarios que trabajan en Gaza hacen todo lo posible para identificarse como personal sanitario, pero los soldados israelíes continúan disparándoles.

Razan al-Najjar, en un vídeo de Al Mayadeen Tv / Facebook
El personal médico de Gaza ha ido perfeccionando técnicas para trabajar en la línea de fuego sin convertirse en el blanco de los francotiradores israelíesThe Guardian prescinde de una viñeta de Steve Bell contra Netanyahum

Lucen batas blancas con rayas reflectantes y de alta visibilidad. Con las manos en alto, los equipos médicos se mueven lentamente hacia las víctimas, pasando por montones de neumáticos en llamas y columnas de humo blanco de gases lacrimógenos.

A medida que se acercan a la valla metálica, se sitúan a una distancia razonable de los soldados israelíes. Gritan al unísono: "No dispares. Hay heridos". Creen que en los campos abiertos de Gaza sería imposible que alguien no los identificara como personal sanitario.
Sin embargo, los trabajadores sanitarios de la franja costera, ocupada por Israel durante 38 años hasta 2005 y sobre la que impone un estricto bloqueo terrestre y marítimo, están llegando a una conclusión aterradora: su estrategia no está funcionando.
Según afirman sus compañeros, Razan al-Nayar, una joven que trabajaba como voluntaria y atendía a los heridos, tomó todas las precauciones y a pesar de ello murió  cuando una bala le atravesó el pecho el 1 de junio. El ministerio de Sanidad de Gaza explica que la joven de 21 años fue la segunda trabajadora sanitaria muerta en esta protesta palestina, y que otros 25 fueron alcanzados por las balas. El ejército israelí mata a dieciséis palestinos en el inicio de las protestas de 'La Marcha del Retorno'
Faris al-Qidra, que estaba de turno con al-Nayar cuando murió, ha indicado que la joven y otras cuatro personas habían ido a rescatar a un hombre que había recibido en la cara el impacto de un bote de gas lacrimógeno a 20 metros del perímetro.
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"El hombre pedía ayuda a gritos", ha explicado el paramédico de 31 años. Al-Nayar siempre estaba dispuesta a seguir adelante, incluso cuando los soldados hacían disparos de aviso. "Los soldados suelen advertirnos de que retrocedemos", ha señalado.

Ese día oyó tres disparos. Una fotografía que fue tomada poco después muestra a unos hombres que llevan el cuerpo de al-Nayar y se ven las manos de la joven cubiertas por guantes quirúrgicos.

Un símbolo en Gaza

Incluso antes de su muerte, al-Nayar se había convertido en un icono en Gaza, y se habían publicado decenas de imágenes en Internet de la joven, que lucía pañuelos de colores en la cabeza y una expresión resuelta en el rostro. Muchas de las fotografías la muestran con su bata blanca manchada con la sangre de sus pacientes. En una de las fotos aparece agachada al lado de un joven y vendándole frenéticamente la cabeza ensangrentada.
"Estoy en primera línea como escudo humano y para rescatar a los heridos", explicó a un periodista que la entrevistó. En otra y pe=vhs&version=vhs-heading&module=vhs®ion=title-area" target="_blank">entrevista, se quejó de que a menudo la sociedad juzga a las mujeres. "La sociedad nos tiene que aceptar. Si no nos aceptan voluntariamente, entonces tendrán que ser obligados, ya que somos más fuertes que los hombres".
Un palestino herido por un disparo israelí en Gaza el 25 de mayo. EFE
Su adolescencia estuvo marcada por la guerra. Cuando la guerra estalló en 2008, todavía era una niña. Tenía 16 años cuando se produjo la siguiente escalada de violencia y 17 cuando se produjo el conflicto de siete semanas en 2014. En el contexto de este último conflicto, su barrio, Khuza’a, fue uno de los que quedó en peor estado. 
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"Razan no soportaba verse rodeada de sufrimiento", ha explicado su madre, Sabrine.

Está sentada en el salón de su casa, iluminado por luces alimentadas por energía solar que cuelgan de cables del techo. Le acompañan otros miembros de su familia. "Hemos vivido demasiadas guerras. Mi hija quería ayudar".
Su barrio está tan cerca de la frontera que al-Nayar podría haber visto a los soldados israelíes que hacían guardia a unos pocos cientos de metros de su casa. En la carretera, se han construido unos muros de cemento de cuatro metros de altura para proteger a los vecinos de las balas.
Su padre, que ahora está desempleado, antes reparaba motocicletas, si bien en el pasado, cuando los trabajadores palestinos podían cruzar la frontera, trabajaba en una empresa de recogida de chatarra en Israel. Esta familia de ocho miembros vive en el apartamento de unos familiares.

Israel intenta atacar la reputación de Razan

Debido a que no se podía pagar la universidad, al-Nayar aprovechó todas las oportunidades que encontró para formarse gratuitamente, y entre otros cursos hizo uno de caligrafía y otro de enfermería. "Yo la animaba a seguir estudiando. Yo era como ella, siempre dispuesta a aprender. Quería que tuviera su espacio y más libertad", explica Sabrine.
Cuando se divulgó la noticia de su muerte, otro voluntario, el conductor de ambulancia de 23 años Izzat Shatat explicó que él y al-Nayar iban a anunciar que estaban prometidos después del Ramadán.
Israel acusa a Hamás, que gobierna en Gaza y apoya estas protestas, de utilizar estas manifestaciones como excusa para atacar. Han lanzado contra Israel cometas armadas con latas de gasolina en llamas con el objetivo de incendiar las cosechas y los explosivos han conseguido causar destrozos en las vallas.
Una investigación preliminar de las autoridades israelíes ha determinado que nadie disparó contra al-Nayar "deliberadamente" ni era el blanco de ataque.
Los militares y autoridades del Gobierno israelí han intentado desacreditar a Nayar, acusándola de ayudar a los "terroristas". Un portavoz del primer ministro Netanyahu compartió un vídeo, acompañado de la siguiente pregunta: "¿Era Razan al-Nayar solo parte del personal médico?".
Sabrine cree que su hija era un blanco de ataque. Sostiene la chaqueta de Razan, que había sido blanca pero ahora tiene un tono marrón y está impregnada de sangre seca. Escrita en la espalda, se puede leer la frase "Sociedad Palestina de Socorro Médico". También es evidente un pequeño agujero de bala.
"Esta chaqueta era su única arma", indica Sabrine. "Y esta es su acreditación como terrorista", indica mostrando su acreditación como personal sanitario. "Estos son sus explosivos", explica mostrando las vendas que su hija guardaba en los bolsillos.
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"Estaba lo suficientemente cerca como para poder hablar con los soldados. ¿Realmente tenía aspecto de terrorista?", lamenta.

Según las autoridades de Gaza, a lo largo de esta ola de violencia las fuerzas israelíes han matado a 120 palestinos. El Comité Internacional de la Cruz Roja señala que más de 3.600 personas han recibido disparos con munición real. La gran mayoría de las víctimas iban desarmadas. Entre las víctimas mortales hay periodistas adolescentes.
Las protestas exigen que se ponga fin al bloqueo orquestado por Israel y Egipto desde hace una década. Los residentes también exigen que se reconozca el derecho de las familias de palestinos refugiados a regresar al hogar de sus antepasados en Israel.
En Khuza'a, las calles y las tiendas evocan este desplazamiento. En una de las calles se pueden leer los nombres de una "Fábrica del Retorno", una "Panadería del Retorno", un "Café del Retorno".
En el salón del hogar familiar, su madre está rodeada de carteles de partidos políticos y organizaciones médicas benéficas que le han transmitido sus condolencias. "Mi hija pensó que la bata blanca la protegería", lamenta mientras toca la chaqueta ensangrentada: "El mundo entero conoce el significado de una bata blanca".
Traducido por Emma Reverter

martes, 5 de junio de 2018

Trump iguala en 16 meses el número de ataques con drones en Yemen ordenados por Obama en ocho años

EEUU ha multiplicado por cinco o por seis, dependiendo de las estimaciones escogidas, el ritmo de los bombardeos en Yemen respecto a su predecesor. Bajo la presidencia de Donald Trump, EEUU ha lanzado 154 ataques aéreos, a una media de 9,6 ataques al mes.

Desde que Donald Trump asumió la presidencia, EEUU ha lanzado 174 ataques aéreos sobre Al Qaeda en Yemen. EFE
Donald Trump ha disparado el número de bombardeos aéreos contra Al Qaeda en Yemen. El Pentágono ha confirmado recientemente que entre enero y abril de 2018, Estados Unidos llevó a cabo 27 ataques contra el grupo terrorista.
Junto a los 127 del año anterior, los bombardeos ordenados bajo la Administración Trump en Yemen suman en total 154. Obama, por su parte, ordenó durante sus ocho años de mandato entre 154 y 174 ataques aéreos en el país, según los datos recogidos por el Bureau of Investigative Journalism. En consecuencia, Trump ha multiplicado por cinco o por seis –dependiendo de las estimaciones escogidas–, el ritmo de los bombardeos ordenados por Obama.
A diferencia de su predecesor, Trump ha delegado la guerra contra el terrorismo en sus generales, que ya no necesitan autorización directa del presidente para lanzar ataques. "Hemos dado al Ejército total autorización y eso es lo que están haciendo. Por eso han sido tan exitosos últimamente",  declaró el presidente en abril del año pasado tras el lanzamiento en Afganistán de la bomba no nuclear más potente de EEUU.


La entrada de Trump en Yemen empezó de la peor manera posible. Durante una operación de las fuerzas especiales a los pocos días de su nombramiento, el soldado Ryan Owens perdió la vida. Esa "total autorización" de Trump al Ejército le sirvió de coartada para quitarse responsabilidad por la muerte de Owens. "Esto era algo que ellos querían hacer. Los generales, que son muy respetados, vinieron a verme y me explicaron lo que querían hacer... Y perdieron a Ryan".
Estados Unidos lanzó su primer ataque con drones en Yemen en el año 2002. Tan solo unos meses después del 11-S, Bush autorizó el bombardeo, que iba dirigido contra Qaed Salim Sinan al Harethi, líder de la rama de Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP) y presunto cerebro del atentado contra el buque estadounidense USS Cole en el que murieron 17 soldados en Yemen en el año 2000. Un misil Hellfire impactó contra el vehículo en el que viajaba Harethi y mató también a sus cinco acompañantes, entre ellos el estadounidense Kamal Derwish.
Ha sido una bombona de gas que ha explotado en el vehículo de Harethi, aseguró el Gobierno de Yemen. Pronto se filtró en Washington que se trataba de un ataque por un dron de la CIA. Aun así, las autoridades estadounidenses no confirmaron su autoría. "Sería algo muy bueno que [Harethi] estuviese fuera de combate", afirmó el entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, cuando se le preguntó sobre el ataque.
Desde entonces, no volvió a haber ninguna información sobre ataques con drones en Yemen. Pero algo cambió en 2009 bajo las órdenes de Obama. Tras varios intentos de atentado contra EEUU que llevaban directamente a AQAP, EEUU reactivó su campaña.
Entre estos intentos de la organización terrorista destaca la bomba que escondía Umar Farouk Abdulmutallab, y que finalmente no explotó, el día de Navidad de 2009 en un vuelo entre Ámsterdam y Detroit. Un año después, una pista de los servicios de inteligencia saudíes permitió a las autoridades británicas identificar unos artefactos explosivos escondidos en cartuchos de tinta enviados desde Saná, la capital yemení.

"Seguiremos diciendo que las bombas son nuestras"

Obama reactivó el programa de ataques, pero siguió haciéndose en secreto. "Seguiremos diciendo que las bombas son nuestras, no vuestras", afirmó el presidente Salé al general Petraeus en una reunión celebrada en 2010 según un cable diplomático difundido por Wikileaks. En el mismo encuentro, el viceprimer ministro yemení, Rashad al Alimi, reconoció que acababa de "mentir" al Parlamento al decir que las bombas eran de fabricación estadounidense, pero lanzadas por Yemen.
Poco después, Yemen cambió de postura y reconoció los ataques estadounidenses. No solo eso, sino que el sucesor del presidente Salé, Abd Rabbuh Mansur al-Hadi, alabó en 2012 dichos ataques por su elevada precisión. "Tecnológicamente, el dron es más avanzado que el cerebro humano", afirmó. Ese mismo año, Obama autorizó los llamados 'signature strikes', ataques dirigidos contra personas sospechosas de llevar a cabo una actividad terrorista, a pesar de no saber quiénes son.
A finales de 2013, esos aparatos estadounidenses "más avanzados que el cerebro humano" atacaron por error una boda y mataron a unos 15 civiles. EEUU pensaba que aquello era un convoy de Al Qaeda. Días después, el Parlamento yemení aprobó una resolución no vinculante pidiendo el final de los ataques aéreos de EEUU. Pero el Gobierno seguía defendiéndolos: "Son un mal necesario y un asunto muy limitado", señaló el ministro de Exteriores de Yemen. Con Trump ya no parece que los ataques sean un "asunto limitado".
El número de víctimas civiles a causa de los bombardeos no está claro.  De acuerdo con los datos del Bureau of Investigative Journalism esta cifra oscila entre 84 y 134, la inmensa mayoría bajo la Administración de Obama (80-117).
AQAP es la rama más poderosa de Al Qaeda y, según un informe de la ONU publicado en enero, "continúa organizando ataques en el exterior". Acosado por los ataques aéreos, la rama de la organización terrorista acaba de estrenar un nuevo medio de propaganda, Al Badr Media Foundation.
El 24 de mayo, tan solo un día después de su creación, el primer mensaje de Al Badr consistía en una recopilación de consejos lanzados por Muhannad Ghallab, uno de los portavoces de la organización terrorista, para evitar los drones estadounidenses y otras medidas de seguridad. Casualmente, el propio Ghallab murió en un ataque de un dron de EEUU en 2015.